ENTREVISTA A FERNANDO HERNÁNDEZ OJOB, ILOL DEL PUEBLO MAYA-TZOTZIL

"Todo ser humano tiene el derecho de existir y ocupar su lugar"

14 Abr, 2018 -

Fernando Hernández Ojob, Ilol (curandero tradicional) tzotzil, y residente en el municipio chiapaneco de San Cristóbal de las Casas, ha tenido la oportunidad de participar en el proceso de recuperación de memoria histórica experimentado por los pueblos nativos de Canadá durante más de 10 años. De esta manera, tras dicha experiencia. y en un contexto social en el que al pueblo Maya "le han hecho olvidar" su relato histórico, Fernando nos explica su punto de vista acerca de la importancia de recuperar la identidad de su pueblo como una forma de resistencia ante la violencia e injusticia institucionales, y bajo el paraguas de un sistema de educación pública que sigue "colonizando el intelecto", en el caso de las comunidades nativas en el estado de Chiapas.

Hemos venido a hablar de memoria histórica, un tema muy sonado en el Estado de Chiapas en el marco de la reforma educativa y las reivindicaciones de muchos movimientos sociales y organizaciones en lucha. ¿Por dónde empezamos?

Yo creo que hablar de memoria histórica requiere consciencia. Consciencia desde el punto de vista desde el cual el ser humano haya llegado a perder casi todo. De tal manera que se vea en la necesidad de recuperar algo. ¿Se me entiende?

 

¿Fue así como ocurrió en el caso de los pueblos indígenas de Canadá?

Yo creo que sí, que eso es lo que pasó en Canadá cuando las comunidades habían casi completamente perdido su conexión con la tierra, con el mundo espiritual, con su historia. Es decir, no saber quiénes eran, de dónde venían, quiénes eran sus padres, abuelas, abuelos. Esa profundidad de pérdida hizo entonces que se empezaran a preguntar: ¿cómo podemos recuperar ese algo? Y es desde ese momento en el cual nos damos la tarea de decir: ¿qué cosa es? Entonces empezamos un diálogo en el que vimos que antes que nada, es una memoria de sangre, en la cual genéticamente tenemos toda esa información. No sabemos, no la podemos decodificar, porque a veces tenemos mensajes a través de nuestro subconsciente. Del otro lado, está la memoria que guarda cada comunidad, cada pueblo, cada familia: se acuerdan de ciertas cosas. Entonces, empezamos a llamarle por su nombre: esta historia nuestra. Nos decidimos a recuperar esta memoria histórica que nos han borrado, pero sabiendo que nosotros podíamos -y podemos- recuperar el espacio, el lugar en el cual podemos decir: estamos recreando nuestra historia. Pero ya desde ese punto de vista, desde el entendimiento de que algo falta.

     Es por eso que hablar del corazón dentro del contexto de la recuperación de la memoria histórica es importante. Tenemos que entender que para recuperar nuestra memoria histórica hay que pasar a través de corazón. No podemos hacer un proceso de recuperación de memoria desde un punto de vista intelectual, político o social. Debemos hacerlo desde el interior. Vernos en el espejo, vernos en los ojos de los demás, de manera que al vernos podamos observar la intensidad de toda esa pérdida. De todo lo que hemos olvidado, de todo lo que nos han hecho olvidar.

 

Como un espejo.

Exacto, ya que es entonces, al vernos, que podemos, a nivel celular, comenzar a recuperar nuestra memoria. Esa memoria de cada día, de cada semana, de cada año, de cada década, que está a dentro pero no sabemos qué cosa es, porque algo hace falta. Y ese algo, yo creo que tiene que ver con el espíritu. No tiene que ver con el entendimiento físico, sino verdaderamente con lo que nosotros llamamos el Ch’ulel, ese espíritu que nos ha llevado a resistir más de 500 años. Ese espíritu que nos hace ser quienes somos.

“Las ancianas y los ancianos nos explican que esta tierra no es nuestra, sino que la estamos protegiendo de cara a las generaciones que aún están por llegar’

¿Qué ocurre en Chiapas?

Desde mi punto de vista, en Chiapas, y en México, los pueblos nativos no han llegado a ese punto en el cual se cuestionen qué es lo que me hace falta. Porque en este momento la lucha política, la lucha económica, es de supervivencia. Es decir, ¿qué voy a comer mañana?, ¿qué le voy a dar de comer a mis hijas e hijos? Y la otra cosa es, también, proteger la tierra. Que ahora se vuelve también importante dentro del contexto de: esto es nuestro, nos fue dado desde el inicio de la creación. Por lo tanto, la responsabilidad que tenemos es de protegerlo.

     Si esta tierra nos la dieron nuestras abuelas, abuelos, bisabuelas, tatarabuelos, forma parte de la historia. Es un legado el cual no nos pertenece. Esta tierra no nos pertenece. Dicen las ancianas y los ancianos: esta tierra la estamos protegiendo de cara a las generaciones que están por llegar. Y yo creo que esto es importante verlo desde el contexto en el que, en este momento, la sociedad ya ha rebasado el límite de consumo, y por lo tanto ya hemos consumido 5 o 10 veces más de lo que hoy estamos emprestando hacia el futuro. Es por eso que las abuelas y los abuelos dicen que la tierra no nos pertenece. Somos guardianes, somos las personas que debemos proteger, de tal manera que la herencia es de aquellos que aún no están aquí. Y esa memoria, no solamente de hoy o de ayer, del pasado o del futuro, es toda una historia global dentro del contexto de nuestra cosmovisión.

¿Va más allá de la política?

¡Mucho más! Es importante entender que nuestro universo tiene una cosmovisión que no es posible describir. Porque no existen palabras. Porque no hay un modo de traducir lo que nosotros percibimos y lo que entendemos dentro del contexto de tocar, de saber, de sentir la energía, la luz que emana de los seres vivientes y no vivientes. Por eso, lo que hace falta aquí es que mi pueblo, y el resto de los pueblos indígenas en México, lleguen quizás a ese punto en el cual se digan: “ya no tenemos nada”. Se terminó. Llegar al punto de esa oscuridad, y que entonces en ese momento aparezca una chispa que nos diga: “qué es lo que hemos perdido, y qué es lo que necesitamos recuperar”. Porque se habla de recuperación, pero desde un punto de vista político, desde un punto de vista económico, desde un punto de vista social. Y no es en la profundidad del ser, es nada más lo superficial: cuánto el gobierno me va a dar para que yo pueda comer hoy, o cuántos proyectos el gobierno va a hacer en una comunidad para que se diga “el papá gobierno nos dio”. Y sin embargo, dentro de sus corazones, la gente sabe que es nada más un momento, que no va a durar.

 

¿Qué papel juega el gobierno  mexicano, en este aspecto? 

Mira, había un proyecto de despensas acá en el estado, y cada mes ofrecen un kilo de arroz, un kilo de azúcar… pero, ¿cómo es posible que la gente pueda aceptar una limosna?, ¿cómo es posible que de esta manera el gobierno se lave las manos diciendo que ya está acabando con la pobreza?

      Así que yo creo que parte de esa memoria histórica tiene que ver con esa responsabilidad que tenemos respecto a la Tierra y hacia todo lo que en ella existe. Y bien, yo creo no se escucharon a las ancianas y a los ancianos, o intelectuales salidos de universidades, hablar de esta recuperación, porque no lo hay. No existe un proceso en el que eso se cuestione. Habrá quizás momentos en los cuales se cuestionen su identidad, su supervivencia, pero no en relación a lo que hay que hacer para preservar lo que aún existe dentro de las comunidades, dentro del pueblo, y eso creo que es un largo camino, en el cual debemos ver verdaderamente qué es lo que hay que hacer. Y parte de ese proceso es entender nuestra posición en relación a la sociedad, hacia el resto. Y empezar un proceso de descolonización.

“No se puede hacer un proceso de recuperación y transformación, si no decolonizamos el intelecto”

¿Cómo decolonizar?

No se puede hacer un proceso de recuperación y transformación si no descolonizamos el intelecto, y el espíritu y todo lo que en él existe. Parte de toda esa decolonización radica en el lenguaje. Eso creo que es fundamental para que entonces podamos regresar al origen y encontrar raíces. Y verdaderamente entonces crear un nuevo paradigma en el que los pueblos indígenas de México puedan recuperar su sueño, su visión, puedan entender que el caminar requiere hacerlo dulcemente. Encontrar ese equilibrio entre el cielo y la tierra, y tocarse el corazón. Tocarse el corazón de tal manera que en ese palpitar podamos escuchar el palpitar de la tierra, y podamos escuchar el palpitar de todos los corazones.

     ¿Qué dice el lema zapatista? Crear un mundo donde todos los mundos puedan coexistir. Es necesario, entonces, crear un corazón en el cual resuenen todos los corazones. No hay otro camino.

¿Crees que hay una unión como pueblo y movimiento en resistencia en Chiapas?

Bueno, yo es que creo que parte de ese proceso de descolonización pasa también por entender que la ideología, -izquierda, derecha…- es algo importado. Por ello, es necesario regresar al punto en el cual la resistencia de los pueblos indígenas viene desde la raíz cultural-espiritual. No puede haber una política occidental, porque eso nos divide, y nos ha dividido. Por eso, es importante hacer ese proceso de diálogo entre las comunidades. Estamos tan fragmentados que no podemos ni siquiera sentarnos a dialogar.

     Entonces, yo creo que en su principio el movimiento zapatista llevaba una consigna que venía desde la Tierra. Desafortunadamente, yo creo que Marcos influye mucho dentro del proceso político por su formación de izquierda. Pero eso a nosotros no nos sirve del todo. Yo creo que es necesario que los pueblos indígenas regresemos 200 años en la historia, de tal manera que veamos el proceso de resistencia que pasaron por ejemplo en la guerra de castas, donde verdaderamente el movimiento estaba basado en el entendimiento de la conexión con la Tierra. Pero en su profundidad, no nada más en el proceso superficial: quién somos en realidad, por qué defendemos la Tierra, por qué queremos proteger esto. Eso lo hemos perdido, porque la política de izquierda y derecha nos ha llevado a distanciarnos de nosotros mismos. Ya no entendemos la resistencia desde ese punto en el cual tenemos la imagen de la abuela y del abuelo, los ancestros.

¿Hablas de referentes históricos?

Si, pues es que tenemos a políticos como imagen, y listo. Y yo creo que esa es una parte muy grande del trabajo que debemos hacer: recuperar a esos héroes de nuestro pueblo. como por ejemplo Jacinto Pérez Canek, quien dirigió parte de la resistencia de la guerra de castas en Yucatán, María Cuscat, Tzeltal de Calcuta, Jacinto Perez Pajarito, de Chamula: son personas de las que ni siquiera nos acordamos. Nos acordamos de todos los héroes de la revolución mexicana, pero no hay ningún líder indígena. Bueno, el único que es recordado es Benito Juárez, el primer presidente indígena de México.

     Así que parte de lo que tenemos que hacer es dejar ir toda esa imposición política, económica, social e ideológica, de tal manera que entonces podamos recuperar nuestra esencia y ver la resistencia desde el contexto del SOY y del TENGO EL DERECHO DE EXISTIR, basándome en el entendimiento de una cosmovisión. Y esa cosmovisión tiene que ver con entender el corazón del cielo, y el corazón de la Tierra. Y que en su centro está el Wakah Chan, el árbol sagrado de la vida, que es la Ceiba. Ese árbol nos da todas las enseñanzas necesarias, y si podemos recuperar parte de esta memoria histórica a través de este árbol, vamos a recuperar también nuestras insignias.

“Es necesario regresar al punto en el cual la resistencia de los pueblos indígenas venga desde la raíz cultural-espiritual. No puede haber una política occidental”

¿Qué se requiere? 

Es necesario que aquellas personas que se dicen intelectuales, que están a dentro del movimiento, verdaderamente se den la tarea de decir: allá está el abuelo, la abuela, el tatarabuelo… ¡Vayamos a preguntarles! Está bien hacer la lucha, pero si no lo hacemos para las siete futuras generaciones, que aún no están aquí, entonces estamos perdiendo una gran oportunidad, y la responsabilidad que tenemos hacia ellos no la estamos aplicando. Porque en realidad, el proceso de recuperación de la memoria histórica tiene que ver con que en realidad mujeres y hombres indígenas nos sentemos a dialogar, y dejemos a fuera lo que no nos pertenece, nos miremos a los ojos, sintamos el corazón de los otros. No lo podemos hacer de otra manera. Y eso es lo que los pueblos indígenas de Canadá y Estados Unidos concluyeron: que no se podría transformar la historia, ni recuperar la memoria histórica,, si no era desde el punto de vista de regresar con el mundo espiritual y nuestra conexión con la tierra. 

     Aquí, en Chiapas, hay muchos políticos indígenas y hablan el idioma: pueden dar grandes discursos. Pero es el discurso, nada más. Hablamos de algo que es muy importante, como por ejemplo dejar ir este sistema macho-patriarcal y totalmente importado. Pero si nada más lo decimos y no actuamos cotidianamente, ¿de qué sirve? Si hablamos de la liberación de la mujer, pero no reconocemos a nuestra madre dentro de un contexto doméstico, ¿de qué sirve? Entonces, parte de todo lo que hemos perdido yo creo que es eso mismo: el respeto hacia nosotros mismos, y pues también hacia los demás. Hemos dejado de entender verdaderamente cuál es nuestra responsabilidad.

 

Y, para eso, también toca mirar hacia atrás.

Pues es que yo creo que antes, dentro del contexto del equilibrio, los hombres tenían mucha responsabilidad en casa: se ocupaban de cuidar, de cocinar, de estar ahí. De hacer muchas cosas que poco a poco fuimos perdiendo. Y para mi todo eso es parte de todo el proceso de colonización. Por ello repito, decolonizar también es volver a a ese punto de equilibrio, y dar el lugar que merece a ese lado femenino de la creación. Entender verdaderamente que hemos adoptado todo un sistema de privilegio y poder impuesto por la colonia, la iglesia, la educación, y que es necesario entonces romper completamente cualquier atadura o lazo que tengamos en ese contexto. Y que finalmente, en ese proceso de recuperación de memoria histórica los hombres puedan decir: acá está, esto no me pertenece. Ser honestos, y cuando hablemos de verdad, lo que nosotros llamamos con la 'palabra verdadera', lo hagamos desde el respeto y la responsabilidad que merece cada ser viviente y no viviente. 

     Es decir, nuestra resistencia tiene que pasar por entender la historia, pero esa historia que no hemos escrito. Volver a esa idea de que todo ser humano tiene el derecho de existir y ocupar su lugar. Lo que entendemos, entonces, como feminismo, ya existía. Dentro de las comunidades ya lo había desde tiempo inmemorial. Eso justo pasó en el caso de las mujeres en el norte de Chiapas, cuando éstas dijeron: vamos a curarnos, pero vengan ustedes hombres, que también tienen la responsabilidad de hacer su trabajo. Y, pues, lo mismo creo que pasa con el conflicto por la tierra. 

¿Cómo curarnos, entonces?

La curación tiene que ver con hacer caso al interior. Ver nuestro enojo, nuestra tristeza profunda, nuestros miedos. Porque existen. Hay todo eso. Pero lo tapamos, no dejamos que salga. Lo suprimimos a través de alcohol, somos partícipes de todo esto, de continuar con este sistema económico, y esto hace que nos apartemos de nuestra esencia. Nuestro espíritu, en vez de estar adentro nuestro, está a fuera diciendo: bueno... ¿cuándo voy a regresar?, ¿cuándo voy a estar bien?, ¿cuándo mi equilibrio va a ser mi esencia y mi luz? 

     Pero algo que he podido ver en todos los pueblos indígenas con los que he estado es que ese trabajo no lo podemos hacer solos. En este momento no podemos, vivimos en dos mundos. Por lo tanto, la solidaridad y el apoyo externo son necesarios. En la lucha de resistencia, en el norte, hay muchas personas que no son indígenas y que están allá, apoyando. Hay muchos abogados que están llevando estos procesos de recuperación de tierras a las cortes nacionales e internacionales, hay campañas globales que luchan para que los pueblos indígenas puedan volver a sus territorios y recuperen su memoria histórica y su conexión con la tierra. Es necesario tener otros ojos, otros oídos. Ya en Canadá y Estados Unidos está empezando a darse. Creo que llegará un momento en el que todos los seres humanos tengan la necesidad de sentarse en un círculo, y compartan sus experiencias, su visión, sus sueños. Y todos estemos al mismo nivel, y nos veamos dentro de este círculo, y mediante este árbol sagrado encontremos nuestra conexión, el camino luminoso, lo que aún nos mantiene, ese pegamento, esos hilos que nos hacen ver del este al oeste, y decir: aún las estrellas están ahí, aún el padre sol se levanta cada mañana, y aún la Madre Tierra sigue existiendo. 

¿Qué opinas del sistema educativo en el país, y más en concreto en el estado de Chiapas?

Pues es que parte de lo que debemos hacer en nuestra resistencia recae en la recuperación del lenguaje. En Chiapas, al emigrar las familias y encontrarse con una sociedad racista, los papás y mamás dijeron: tú, hija, no vas a aprender tztozil, vas a aprender español, porque si no te van a llamar indio, ignorante, estúpido. El racismo hizo que negáramos parte de nuestra esencia. Y así, generación tras generación. Aunque obviamente aún hay comunidades que han podido mantener su lenguaje. En los años 50, de hecho, existían los internados indígenas. La intención del gobierno era colonizar las comunidades, entonces crearon estos centros, y ahí iban los niños y niñas, y salían con sexto grado nada más para entonces volver a sus comunidades y enseñar este mecanismo. Todo para hacer que las comunidades empezaran a romper y perder su cultura y acercarlos más hacia este lado. Las comunidades, entonces, se vieron en la necesidad de decir: bueno, nuestros hijos no pueden ir a una escuela donde nada más están aprendiendo español. Y las ancianas y los ancianos exigieron que las escuelas se volvieran bilingües.

     Pero ya es todo un proyecto, basado en un sistema educativo, porque el que la educación se transfiera también en tzotzil no significa que se esté transmitiendo la cultura tzotzil. Lo que se transmite es todo el sistema oficial. Entonces, yo creo que tenemos que llegar al punto en el cual exijamos que la escuela bilingüe, o en tzotzil, tiene que tener una educación basada en las enseñanzas tradicionales de los pueblos indígenas.