Chiapas es el estado mexicano que, formando parte geográficamente de la convulsiva región centroamericana, es el puente natural entre América del Norte y Central. Su ubicación adquiere así una importancia estratégica vital. Dispone de un muy alto potencial de recursos naturales; su fuerza hidráulica ha permitido al Estado mexicano la construcción de varias presas hidroeléctricas que generan el 50% de la energía hidroeléctrica nacional, existen también bosques y selvas tropicales que significan una reserva del 16% de la superficie arbolada del país, además de un subsuelo rico en azufre e hidrocarburos -33% del gas y 22% del crudo nacional-.

Chiapas tiene una alta producción agrícola, sobre todo de café -50% producción nacional-, maíz, cacao, frijol, plátano, soya, caña de azúcar y tabaco, por lo que alrededor del 75% de la población chiapaneca se dedicaría al trabajo agrícola ya en los años '70-'80. Ya entonces, en todo este territorio, de cada 10 hectáreas 5 pertenecían a terratenientes o ganaderos, a pequeños propietarios y tan solo 1 a los ejidatarios. Actualmente la zona está sometida a políticas e intereses nacionales e internacionales económicos que van más allá del caciquismo, el “agrocapitalismo” o el narcotráfico -una planicie que años atrás fue una zona de explotación de la caña, con la que es posible obtener el etanol, así como la palma africana, para la producción de agrocombustibles-, por lo que los campesinos y ejidatarios indígenas se han visto afectados por ello de manera directa.